Dicha decisión me causaron inflamaciones y dolores febriles que aún repercuten hasta estas horas de la noche del día domingo 22 de Noviembre.
El trayecto en sí fue bastante armonioso...fui con 2 amigos más, hacíaa 29 grados y no hubo lluvia que nos pueda atajar.
Mi pobre decisión sobre el calzado que llevé empezó a repercutir en mi andar allá por el Km 49 (a 5 km faltantes) con unas puntadas incesantes y algun que otro calambre que por suerte pude sortear de la mejor forma para que no me afecte.
Lo mejor de todo el viaje es llegar al Santuario de la Virgen, hacer una oración y agradecerle por haberme escuchado en aquel momento que necesitaba de su divina intervención.
Pero aun más reconfortante es sentarse en el bus de venida, abrir la ventanill y mirar todo el recorrido hecho con una puesta del sol que nos regala el día.
Por eso, les dejo una postal de una de las experiencias más duras pero satisfactorias del año en lo personal....

