Cada uno toma las cosas como mejor le parezca acorde a las situaciones que afronta. En mi caso, me tocó experimentar el apagón de la luz de la vida que iluminaba a mi querido canino el día domingo; razón por la cual decidí hacer una teletransportación a la era en donde no existía comunicación alguna excepto a la verbal y situacional.
Es interesante ver como me pudo hacer bien el tener esa desconexión de todo el universo cibernético al que estoy tan acostumbrado a usar y abusar. Es más, se puede decir que pudo haber sido la mejor terapia de reconfortación que se me pudo haber ocurrido minutos después de aceptar el hecho.
Me sirvió para reagruparme, leer libros,organizar mi mente, re-planificar mi viaje, organizar mis ideas y por sobre todo; enfocar mis pensamientos en episodios venideros que precisan de mi entera concentración prontamente.
Pronto estaré de vuelta a la era milenial de los smartphones, procurando estar al tanto de todo lo sucedido luego de una semana de reflaxión y compañia unilateral; mientras tanto espero que hayan terminado con todo tipo de especulación respecto a mi repentina desaparición.