Yo estoy a favor de reclamar, dar a conocer, de poner el dedo sobre la llaga, de quemarle a la gente (literalmente), y también suelo estar a favor de las protestas.
Esta vuelta, con el tema de la huelga de la semana anterior; se puede decir que no fue uno de los días que a mi particularmente me gustaría recordar.
Es mas, se podría decir que el martes 22 fue el peor día de mi 2015. Tanto preámbulo se resumen en la siguiente historia:
Vine en mi vehículo ese día previendo la escasez de ómnibus, por lo que en cierto punto de San Lorenzo, fuimos desviados para evitar los piquetes que se estaban suscitando en la ciudad. Resulta ser que el camino por dónde fuimos desviados era un camino de tierra, que con la lluvia del día anterior se convirtió en un terreno chaquero, lodos, de color rojo y con un estilo hasta de rally pantanal.
Los autos elevados y de gran porte recorrian el corto tramo de 3 cuadras sin problemas, en mi caso, me quedé atascado en pleno charco lodoso, a las 7:19 AM con un sol por mi cara y mi pantalón de vestir y zapatos puestos.
Tuve que recurrir a una empresa cercana de construcción, y tuve mi primera experiencia cercana a la albañinería de primer mundo.
Me monté en una especie de tractor dentado y con mi ropa ensuciada, el sudor a cataratas, y siendo las 9:15 AM, conseguí ser remolcado hasta una zona alta y libre de barro.
La travesía me costó 50.000 gs, pero valió la PENA, pues no había otro remedio ante dichas circunstancias.